Las experiencias de un hombre lo condicionan con rapidez; objetos y circunstancias relacionados con el sexo también pueden provocar la excitación. De esta manera, y sin contacto físico alguno la excitación masculina se produce rápidamente.
La erección puede interrumpirse con facilidad debido a estímulos no sexuales, aún cuando la estimulación sexual prosiga. Un gran ruido inesperado, un cambio en la iluminación o temperatura o cualquier forma de distracción mental puede implicar la pérdida parcial, o incluso total, de la erección.
Ciertas partes de la piel son en particular sexualmente sensibles. Estas áreas son llamadas zonas erógenas. Su sensibilidad se debe a la rica red de terminaciones nerviosas sensitivas, las que reaccionan al tacto. En una situación sexual, los estímulos táctiles se convierten en estímulos sexuales. Cuando el componente emocional es muy elevado, tocar cualquier parte del cuerpo puede tarducirse en un estímulo sexual. Esto se debe a que toda la piel puede ser una zona erógena si recibe el contacto de alguien sexualmente atractivo y deseable.
Las estimulación de las zonas erógenas comienza con las manos y los dedos, pero, por supuesto, todas esas partes reaccionan con mayor intensidad si se acarician con la boca manos y lengua.
El cuerpo del hombre tiene muchas zonas naturalmente erógenas, zonas que pueden despertar o alentar el deseo o condimentar la excitación. Por supuesto que hay diferencias entre todos los hombres pero es casi seguro que aunque no encuentres su punto de máxima excitación, obtendrás una respuesta y disfrutarás al buscar y encontrar los puntos para excitarlo. Existen zonas que generalmente logran excitar pero no es una regla fija y todas valen para explorar.
En ocasiones, el deseo y la excitación es lo primero que se manifiesta. Como cuando te encontrás con alguien en una disco. En ocasiones con solo la mirada alcanza para excitarlo. Pero hay que estar preparado si él se enfría en el viaje a tu casa o al hotel.
Cuando se besa un lugar distinto de la boca se está explorando esas zonas erógenas. Si encontrás esas áreas que ves que lo hacen retorcerse de placer, dónde él es más sensible, podés excitarlo con tu boca. Fijate. ¿Si se tensa, te abraza más fuerte, le aparece una sonrisa en la boca, pone una cara como si estuviera por acabar? ¡Lo encontraste!
La cultura privilegia que los hombres utilicen los estímulos visuales (el primer gesto masculino que espera de la sociedad es que queramos verle el sexo a una chica o que consigamos una revista porno héterosexual). Pero "salvo los condicionantes de la cultura, no hay nada que impida a los varones disfrutar de las caricias".
Precaución: podés y debés tocar todo lo que quieras y dejar que te toquen pero las cosquillas en general no son erógenas. Pueden servir para sacarle la ropa al hombre del momento, pero normalmente nada más. Aprendé a diferenciar entre el roce que es una caricia y un toque que muestra deseo, pero siempre presioná cuando le toques una zona de cosquillas a menos que quieras quedarte frustrado.
Cuello y nuca
Es una transición fácil y cercana desde la boca cuando lo estás besando. Mientras que la piel del varón en el rostro suele ser algo más gruesa, la del cuello y más en los que que se ven obligados a usar cuellos cerrados y corbatas, es delicada y sensible.
Nuca. Muchos varones sentimos la nuca como algo muy íntimo y muy descuidado.
Las mejores maneras de estimular esta zona son los masajes y los besos con mucha lengua y algún mordisco. Vas a disparar su imaginación sobre cómo vas a seguir.
Si tu compañero tiene prejuicios con ser penetrado, podés tranquilizarlo abrazándolo desde atrás y con las manos excitándolo por su frente. En esa posición podés aprovechar su espalda para excitar tus tetillas mientras tus manos suben y bajan tanto como quieras.
Si lo ves tenso, podés comenzar con un masaje en la zona de los hombros y clavículas para descontracturarlo pero cambiando un poco el ritmo y acercándote al cuello o la nuca se convertirá en un masaje erótico.
Orejas
Orejas. Tanto el lóbulo como el pabellón de las orejas (repleta de terminales nerviosas) son verdaderos puntos calientes donde todo vale. En ocasiones, lanzar o sentir la respiración, el jadeo o el aire caliente sobre la oreja, marca toda una diferencia. Hacéle sentir con más de un sentido que te calienta.
Manos
¿Alguna vez te llevaste a la boca la mano de tu compañero?, ¿le chupaste alguna vez el dedo? Si lo hiciste y hasta tuviste oportunidad de fijarte en su reacción, habrás notado cómo semejante "juego de manos" es capaz de prometerle muchas cosas sin decirle nada.
Las yemas de los dedos son sumamente sensibles a todo tipo de contacto, y el calor de la boca (y los toques de lengua) representan un gran estímulo para las cerca de 40.000 terminales nerviosas que existen en cada mano. Por otra parte, ¿necesitás ser adivino para imaginar qué piensa él cuando observa que uno de sus dedos desaparece entre tus labios?
Bajo vientre e ingle
Bajo vientre: "la zona roja del deseo masculino va desde el ombligo hasta el ano".
Esto significa que un área más que buena maniobra para comenzar a bajarle los pantalones y que esté lista para cuando llegues a tocársela.
Ingle. Al masajear la ingle se favorece el flujo de sangre hacia los cuerpos cavernosos, que deben llenarse de sangre para una buena erección. Si masajeás las caras internas de la piernas, más sangre comenzará a fluir a la zona del pene y la transición es lenta, y no forzada.
Piernas y pies
Cara interna de las piernas. Proba primero con caricias ascendentes desde la mitad de la cara interna de la pierna, hasta "el punto crítico".
Pies. Más precisamente, las plantas y los dedos. Los orientales, inclusive, llegaron a desarrollar hace miles de años una técnica específica para estimular esta olvidadísima zona erógena y diseñaron una suerte de cartografía erótica específica. No necesitas ser una geisha consumada para aprovechar el poder afrodisíaco de sus pies.
Probá con una fricción a fondo de cada pie, partiendo del centro de la planta. Primero ve hacia el talón y luego hacia el extremo de cada uno de los dedos. Un consejo: deténte un buen rato en el talón derecho, ya que según varios entendidos en el tema es precisamente allí donde se ubica el centro del placer sexual.
Otro truco muy excitante es estimular oralmente cada uno de sus dedos (siempre y cuando la experiencia no te dé arcadas y él no muera de cosquillas).
Glúteos
Glúteos. Calientes. Seguramente que algunos tendrán problemas y cuando le pases le ponga una mano o dos te la retirarán. Para que no se escape en esos casos lo mejor es tocar toda la espalda y tratar los glúteos como una continuación. No hay una línea demarcatoria con vallas que digan aquí termina la espalda. Comenzá con un toque fugaz y trata los glúteos como una parte más del cuerpo (salvo que tengas un fetiche). Y aumenta luego la intensidad según su reacción. Chirlos [Nalgadas] también valen siempre y cuando él los acepte. Si él está boca abajo, también probá con besos y mordiscos.
Las nalgas son sexualmente excitables, y la mayoría de los hombres encuentran placer cuando se las acarician. A algunos también les gusta que se las golpeen con suavidad. La abundancia de terminaciones eróticas alrededor del ano, hace que también sea sensible a caricias de todo tipo.
Cola. Si no te acordás, volvé a ver la sección de anatomía. Aúnque él crea que tiene un cartel de "Prohibido avanzar", cerca de esa puerta por la que él piensa que no debes pasar, está la próstata, la principal responsable del placer masculino. Según la posición, aunque él sea el penetrador, podés deslizar uno o dos dedos y ejercer cierta presión sobre ella, por afuera o desde dentro para que tu compañero tanga un orgasmo inolvidable. Aunque él nunca haya sido penetrado, aceptará la estimulación externa sobre el perineo (la zona entre el ano y el escroto) y uno o dos dedos bien lubricados.
Pene
¿Y qué tiene de secreto?, te estarás preguntando. "Mucho más de lo que se piensa." Los hombres somos "falocéntricos" y en una relación homosexual el deseo se dirige a otro hombre, con su propio pene. Aunque el quiera exclusivamente ser penetrado, nunca te va a decir que no si le acaricias. Tenemos la ventaja infinitamente superior de saber instintivamemente qué nos gusta que nos hagan y lo más probable es que a él le guste lo mismo. No hay ningún problema que le expreses qué te gusta más. Un "Sí, así, así" logrará más de tu compañero que la más detallada descripción.
En principio, todos las combinaciones "mixtas" (combinación de técnicas manuales con estímulos orales) son buenas. Los movimientos firmes son los que lo excitarán y le recordarán que es la mano de un hombre. Acariciá con toda tu mano la cabeza o glande. Varía el ritmo y la presión según te lo indiquen sus gemidos o su mano.
Y si además de caricias quiere algún otro tipo de atenciones, tampoco le digas que no. Si tiene la cabeza seca, metela en la boca o humedecela con saliva. Si preferís no meter la cabeza en la boca, te queda todo el resto para lengüetear y besar.
Precaución: podés hacer todas las variaciones qué se te ocurran, pero recordá que la cabeza del pene es la zona más sensible del cuerpo humano del varón. Si encontrás qué está en vilo y ya está chorreando líquido pre-eyaculatorio y no te gusta, lamete la mano y sacale el exceso con la mano humedecida, pero jamás con una toalla a menos que te aclare expresamente que le gusta el dolor. Si estás en tu casa, es conveniente tener toallitas humedecidas para bebés.
Tetillas
Tienen tantas terminales nerviosas como en la mujer pero normalmente no se ven afectadas por cambios hormonales. Pueden ponerse rígidas, se enrojecen y se hacen más sensibles con la excitación. En muchos casos encontrarás qué algunos hombres tienen prejuicios a permitirse sentir en esa zona y rehuyen las caricias porque se asocia con atributos femeninos pero una teilla no es pezón femenino en tanto que para otros es el condimento preferido para el sexo.
La rigidez es un buen signo de que la zona se está excitando. Pero como no es una zona usual, las primeras veces que se lo hagan o te lo hagan puede que no se pongan tan rígidos aunque le guste o te guste.
Las tetillas también pueden ser indicadores del grado de excitación: si se hinchan y se ponen tiesos, es casi seguro que hay excitación. Ese estado puede durar horas luego de la eyaculación o hasta que se duerma
Por supuesto que como en todas las cosas, no todo el mundo es igual y lo que te gusta puede no gustarle a él. Comenzá con masajes circulares y un lengüetazo o beso. Probá con besos con mucha saliva. Podés variar con succión, pellizcos, mordiscos suaves. En algunos casos le puede gustar un poco o bastante dolor o presión: desde un broche de ropa hasta un cocodrilo valen en esos casos. No muerdas o aprietes más de lo que le gusta aunque te parezca que da para más si no es con mutuo consentimiento. Tuve un novio que podía llegar al orgasmo solamente a través de la excitación de sus tetillas.
¿Existe el punto G masculino?
Existe algo parecido. Es una zona externa que no identificamos como una zona sexual. Es casi un "motor de orgasmos" ubicado justo por detrás del fragmento de piel que se extiende entre los testículos y el ano. Allí se halla la raíz del pene. Justo a mitad de camino entre los testículos y el ano está la glándula prostática de cuya capacidad de contracción depende ni más ni menos que la posibilidad de eyacular. La podés comenzar a excitar por fuera o directamente a través del ano.
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