Wednesday, July 12, 2006

Hombres gran parte del día, mujeres por momentos.



Travestis de closet

Guardan su secreto con recelo, encargan ropa de mujer por internet o la compran diciendo que es para sus esposas. La peluca, el maquillaje y el busto falso son imprescindibles para modelar el “otro yo” que mantienen oculto. En este artículo decidieron salir por un rato del closet, eso sí, utilizando su “otro nombre”, el de mujer sobre tacones y mirada seductora.

Nacion Domingo


Salir a la luz, descubrirse, ser consecuente y aliviar sentimientos es parte de una nueva etapa en sus vidas. Quizás en un momento de liberación nacional donde “todo puede ser pronunciado”. Pero para otros es utopía que los hace sonreír en amargo sabor al compartir una velada por debajo de la mesa, o mejor dicho, dentro de cuatro paredes tratando de no hacer ruido. Los travestis de closet lo hablan, lo discuten y no llegan a feliz conclusión. ”No, no soy tan valiente”, revela Juana -55 años, casado y profesional universitario-, al consultarle si le contaría a su familia y esposa sobre su gusto por las prendas femeninas y el “sentirse mujer por unos momentos”.



El-ella lo hace por agrado y porque le da mucho placer. Pero como le sucede a otros, lo hace en momentos muy íntimos, teniendo cuidado para que en el día a día nadie se entere. Por ello Juana se define de closet, y lo asume junto a sus iguales, pero mirando de lejos una sociedad que es evaluada, a su juicio, como prejuiciosa, “aún intolerante” frente a una elección personal como la suya, una “condición” donde es imprescindible verse y, más aún, sentirse bella.



Vestida para matar



“Soy alta, 1.70, delgada de tez blanca, ojos celestes y cabello negro. Primero me ducho y me relajo, después me coloco mis caderas y unas pantys negras. Luego paso al maquillaje, el cual con el tiempo he dominado con cierta habilidad; me coloco unos pechos postizos y mi correspondiente sostén. Mi peluca es de pelo ondulado que llega más abajo de los hombros. Uso unos pantalones desgastados los cuales son mis favoritos y una polera cortita, y si la ocasión lo amerita, un vestido de noche. Trato de que sea lo más perfecto posible; estoy así unas horas y luego Paola desaparece”.



Dentro del clóset: faldas, maquillaje, ropa interior y un nombre femenino, que además de otorgar “la característica XX”, ayuda a mantener el anonimato. A Paola de 36 años no le es fácil sobrellevar su vida sobre tacones en Santiago, ya que al estar casado, la situación tiene sus costos.



Explica que es una opción diferente, y que está tranquilo por ser honesto con él y con algunos de sus cercanos. Afirma que se contacta con travestis sólo por internet, y que es difícil encontrar un amigo verdadero; sólo una amiga sabe lo suyo, y se considera heterosexual sin discriminar otras tendencias. “Soy casado y mi señora en cierto grado lo intuye, pero pienso que en el fondo le disgusta. No la culpo. Nuestra relación es bastante buena, y por lo mismo y porque la amo demasiado, me visto de mujer cuando ella no está”. Su familia no lo sabe y no se encuentra preparado para decirlo.



Su afición por la ropa femenina nació a los 9 años, cuando era un niño como cualquiera, pero que cierto día se probó ropa de su hermana. La idea no le desagradó. “La verdad, me veía muy linda, con el tiempo me he aceptado y me visto en la medida que puedo, por el momento sólo en la intimidad”. Como profesional (trabaja en el área tecnología tras pasar por la universidad) tiene que compatibilizar al masculino per se con Paola. Lo vive un poco frustrado, ya que le gustaría que todo fuera más abierto y así poder vestir en forma liberada, sin prejuicios; pero no desecha la idea de que algún día saldrá a la calle como Paola y que resultará fantástico. “Vivir en otro país sería más fácil”, recalca.



Para Juana (también de Santiago) se debe tener mucho cuidado de no ser descubierto; sobreprotegido en la infancia, cerca de los 10 años descubrió la puerta al closet, pero a diferencia de Paola, se considera heterosexual y además gay, afirmando que la relación con su señora es perfecta, aun cuando no conozca su secreto. “He mantenido mi homosexualidad a raya sin que cause daño a mi vida familiar y social, considerándola como una entretención que tiene un costo. Generalmente me relaciono con gays por medio de transacciones económicas ventajosas”.



Con respecto a la imagen que buscan, Paola dice que se produce para ser cien por ciento femenina, no le gustan las cosas a medias, si va vestido de mujer quiere sentir como mujer, caminar como mujer. Encarga la ropa por internet o la compra en tiendas diciendo que es para su esposa; se pone caderas, pechos, reflejando a esa chica que sabe vestir y que es sensual. Por su parte, Juana hace todo lo que puede para quedar perfecta, busto falso y peluca son los imprescindibles, al igual que la discreción, ya que la idea es no exagerar. A ambos no les interesa cambiar de sexo, y menos, tomar o inyectarse hormonas para obtener una figura más acorde al sueño que se hace realidad.



Mujer soltera busca



Hermosa, sensual, con los labios rojos se da el tiempo. De su bolso, que mantiene secretamente en su oficina, saca la ropa para la ocasión. Escoge lencería negra. Calcetines rellenan el sostén, y las medias se sienten divinas, suaves. Se admira una minifalda de látex negra, que aprieta y que excita; un peto de cuerina acompaña, y las botas o zapatos de aguja de diez centímetros son incómodos, pero indispensables. El hombre comienza a desaparecer, una buena afeitada y la base de maquillaje toca la piel. Sombra y lápiz delineador son íntimos; un poco de colorete amerita atención, y los labios se confunden con el rojo brillante y cremoso que acentúa el deseo. Finalmente la peluca de color castaño. Katia vive.



A los travestis de clóset solteros tampoco les resulta fácil satisfacer el deseo. Katia tiene 28 años y vive en Santiago, trabaja en el área humanista, y su deseo lo explica como un fetichismo, “creo que lo hago porque simplemente es placentero y eso es lo que logro, placer. Me masturbo como loca”. Siendo heterosexual confiesa que nunca ha estado con un hombre, pero que descubrió que vestido de Katia sí le gustan, y si estuviera con uno, lo haría siendo ella. Pero en su vida de macho le encantan las mujeres. “Mi vida de hombre es del 99,9 %. Katia sólo vive el 0,1, pero trata de hacerlo intensamente”.



-¿Tienes amigos travestis?, le pregunto.



-Lo que llama amistad, no, pero conozco a algunos a través de unos “amigos” gays por internet, ya que ofrecían hacer trajes y ropas a medida. Sólo ellos saben lo mío, nadie más. Y sólo conocen mi nombre femenino, por seguridad. Es difícil saber en quién confiar.



-¿Algún ídolo o mejor dicho ídola?



-En las películas del cineasta español, Pedro Almodóvar, hay travestis que desarrollan un lado muy humano y cotidiano, que no son vistas como fenómenos.



La gran esperanza para la vida real, ser vistos “como la gente sana que somos”, que no molestan a nadie, y que el closet, a pesar de su asfixiante oscuridad, es más real que los lugares comunes con respecto al travestismo, donde siempre “se muestra el lado más negativo, el que más se vende” y donde “el travesti de tiempo completo cae en la prostitución, ya que nadie los emplea en otros trabajos”. Los de closet piensan que se estigmatiza, que por puntos de rating se muestra lo más perverso en los medios de comunicación.

Karla es otro travesti de clóset que a sus 30 años recuerda que siendo niño -uno muy curioso, inquieto y sin amaneramientos- un día vio un póster de una chica tipo Brigitte Bardot, vestida de apache, lo cual le gustó mucho y con unos géneros se hizo algo similar. En la adolescencia tomó las medias acanaladas de una tía y asegura, como todos lo han hecho, que el contacto con la tela le produjo una increíble sensación, “la verdad es que me excité mucho, me quedaban muy bien y el hecho de sentirlas rozando la piel me fascinó, esto fue como a los 12 años”.



Actualmente trabaja como oficinista en Santiago y dice que logra calmar ese “instinto” que lleva en su interior cuando la bestia le tiende una mano a la bella, y cuando las peligrosas curvas se forman por la actitud que es magia frente a imposibles. Con la ropa lo hace como todos, diciendo que es para su pareja, que es para regalo, y con la depilación no tiene problema, “ya que soy lampiña”. Gran parte del manifiesto es la actitud ante todo. Heterosexual soltero, su travestismo es sólo para él, “Karla es como el sexo, es íntimo. Es muy difícil llevar una doble vida, de pronto se siente como un placer culpable”. Karla necesita y busca canalizar la energía, expresar de alguna manera la “terrible admiración por la belleza femenina y por las multifunciones que puede cumplir una mujer biológica en el sexo”.



-Al tener pareja, ¿cómo respira Karla dentro del closet?



-Con un poco de culpa. En parte es como una infidelidad, pero sé que esto siempre va a ser así y no se puede cambiar con sólo quererlo. Trato de no cuestionarme.LND

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