por Sharom Nadine Memmbers
Los permisos
que nos damos y las preocupaciones que tenemos, muestran la mujer que somos.
A veces,
nuestras horas solitarias o bien acompañadas, nuestros ratos en femenino, nuestras
escapadas y nuestras noches secretas, son el mejor momento para experimentar,
ya sea en la realidad o soñando despiertas, podemos darnos el permiso de
explorar rincones de nuestra personalidad que ni siquiera sabíamos que existían
y hacer cosas que nunca nadie se imaginaría que podríamos hacer, si siquiera
nosotras mismas.
Soñar con
que se sentirá besar a un chico, cuando siempre tu única atracción fue a las
mujeres, ver aquella película que nunca reconocerías en público haber visto,
bailar y cantar aquellas canciones que ni loco reconocerías entre tus amigos
conocer, inventarte mundos de fantasía y en algunas ocasiones vivirlos; son las
cosas que te aceleran el pulso y hace que se te escape una sonrisa pícara o un
gemido de gusto.
Pero
también, las cosas que nos preocupan, cambian conforme cambia nuestro ajuste al
mundo femenino. Nuestra sensibilidad se agudiza y nuestros afectos se endulzan,
tendemos más hacia la femineidad en ese aspecto también, no es todo piel y
ropa, es también un corazón de fémina que comienza a latir más fuerte.
La
solidaridad, la ternura, la compasión y la empatía, esos valores que
normalmente se relacionan con la hembra de la especie, se hacen presentes en
nosotras, haciéndonos sentir un poco más como ellas.
Es común en
nosotras adoptar las actitudes y los comportamientos que relacionamos con lo
femenino, con lo mujeril, con lo que se nos hace deseables de nuestras madres,
hermanas, tías, maestras, amigas, incluso actrices y cantantes que vimos en la
tv, y todas aquellas mujeres con las que alguna vez tuvimos roce o dejaron una
fuerte impresión en nosotras, emularlas es una forma de honrarlas, de
reconocerles y a la vez de aprender, de mostrarnos como debemos reaccionar,
hacer y sentir para hacer que nuestro lado más de mujer viva a plenitud.
No existe
una de nosotras que no halla sentido que su lado más suave y comprensivo sale a
flote cuando nos dejamos ser ella; pero hay que recordar que las mujeres no son
sólo "sugar and spice and everything nice" como dirían mis amigas de habla
inglesa, una mujer es divinamente intensa, emocional, apasionada y puede
molestarse con la misma fuerza con la que hace el amor; y esas características,
parece que también se cuelan en nuestra personalidad y accesorizan nuestro
outfit del día.
Esos permisos
y esas preocupaciones, son quienes somos, son quienes hemos aprendido a ser.

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