
Por: Luis Jesús Flórez Noriega
Persona con diversidad funcional visual
Aunque su cuerpo es de un hombre, la esencia de Dayana Barrera es la de ser femenina, la de encontrar, cada vez que se mira a un espejo, la mujer que quiso ser desde que tuvo uso de razón.
Con todo el miedo que le provocaba salir del closet, decidió desde muy joven, dejar atrás el pelo corto, los vellos en las piernas, las camisas masculinas y los pantalones largos, por vestidos ceñidos al cuerpo, pintura en los ojos, uñas postizas, tacones y los ademanes que una fémina desarrolla para la conquista.
Es consciente que su decisión le causó el repudio de casi toda su familia, menos la de su mamá y un hermano, así como de la sociedad, pero a Dayana eso le importa poco, porque ahora es la persona que siempre quiso ser.
“La gran mayoría lo mira a uno como un bicho raro, pero como hombre no me sentía bien conmigo mismo. Desde que soy Dayana me siento libre porque dejé los prejuicios y adopté mi verdadera personalidad”. Dijo.
En los bares gay de Bucaramanga se desinhibe y es contratada para realizar shows en los que emula a las cantantes españolas Mónica Naranjo y Rocío Durcal, por las que siente gran admiración.
Cuando sale a la tarima con su traje artístico, deja por una o dos horas todo el repudio que la sociedad siente por los travestis, se refugia en un mundo que para muchos es frívolo, pero ella dice que en la viña del Señor hay de todo, como en la supuesta existencia normal de la gente.
“Nos gritan que somos maricas, que somos desechables, una parte oscura de la humanidad, pero yo me pregunto por qué se es permisivo hacia hechos como el asesinato de niños, los feminicidios y otro tipo de casos recurrentes que pasan como normales”, acotó Dayana.
Es consciente que en el mundo de los homosexuales hay gente buena y mala, pero indica que no a todos se les puede medir con el mismo rasero, porque cada quien asume la postura que quiere, nada se impone.
Muchas veces Dayana Barrera es prevenida con las personas, incluso con el amor, porque en ese segmento de las minorías los sentimientos se esconden por temor a que se cause daño. Ahora está sola, dedicada a su trabajo de peluquería en el barrio El Poblado de Girón, oficio que le da los recursos para velar por ella y su familia.
“No busco hacer apología para que los hombres o las mujeres sean gays, pero si ese sentimiento se lleva en las venas, se debe ser lo que uno quiere, sin dañar a nadie, solamente encontrando lo que uno busca, porque mucha gente, como yo, venimos en el empaque equivocado”, sostuvo Dayana.
Entre lacas, shampoos, cortes de pelo, tintes y tijeras, Dayana pasa la mayoría de sus horas, buscando únicamente lo que quiso ser: una mujer que busca dejar atrás el pensamiento de los machos retrógrados.

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